Médicos en Castro Urdiales opinan sobre la aberración de los directos tóxicos y la banalización de la muerte y las drogas

La reciente decisión de TikTok de cerrar la cuenta de Simón Pérez, conocido popularmente como “el de las hipotecas fijas”, tras la muerte en directo de su amigo Sergio Jiménez, ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda que muchos prefieren ignorar. No se trata de un hecho aislado ni de una anécdota desafortunada, sino del síntoma extremo de un ecosistema digital que ha normalizado conductas autodestructivas, amplificadas por el incentivo económico y la ausencia de un marco ético y sanitario de ningún tipo. Unos médicos en Castro Urdiales afirman que, desde una visión médica, este tipo de contenidos no sólo son irresponsables, sino que representan un riesgo real y tangible para la salud pública, especialmente para personas con problemas de adicción, trastornos mentales o una vulnerabilidad social previa.

 

Imagínate lo que podemos sentir todos los sanitarios ante semejantes noticias. Con lo difícil que es, en ocasiones, mantener la salud de los pacientes o incluso salvarles la vida, cuando uno ve estas cosas se lleva las manos a la cabeza. Además de todo, este tipo de contenidos son irrespetuosos para estas personas que son víctimas de estos hábitos tóxicos, pues las convierten en una especie de «monos de feria» de los que nos podemos reír y sobre cuyos problemas podemos bromear. Y se llega a crear la imagen falsa de que una persona con adicciones presenta ese aspecto cuando la mayor parte de los ciudadanos con estos hábitos tóxicos y adicciones son en apariencia como el resto de la sociedad, que no consume nada. Inclusive se refuerza la idea de que drogarse es algo divertido o que se puede controlar de alguna manera, lo cual es radicalmente falso y peligroso.

 

 

Médicos en Castro Urdiales alertan sobre la banalización de las adicciones tóxicas

 

Durante años, los directos en redes sociales han evolucionado desde simples espacios de entretenimiento a escenarios donde se negocia con el límite del cuerpo humano. En ellos, una audiencia anónima propone retos cada vez más peligrosos a cambio de dinero, validación o notoriedad, mientras el protagonista, muchas veces en situación de dependencia o fragilidad psicológica, acepta como única vía de reconocimiento. La muerte de Sergio Jiménez, conocida en redes como la de Sancho o Sssanchopanza, no fue un accidente imprevisible, sino la consecuencia lógica de una cadena de decisiones y omisiones que, desde el punto de vista clínico, encajan con patrones bien estudiados de conducta de riesgo, refuerzo intermitente y pérdida de percepción del peligro.

 

Como decía un psicólogo, hablando de este tipo de conductas abusivas e inhumanas, tal vez el que tiene el problema mayor no es el protagonista del directo o de la situación, sino el más desgraciado espectador, que propone retos y paga por estas cosas mientras esa otra persona sufre las consecuencias y se convierte en el más insano divertimento. Como diría Sénece: «el hombre, lo más sagrado para el hombre, es matado aquí por deporte y diversión».

 

Los profesionales sanitarios llevan décadas alertando de que la exposición continuada a estímulos extremos altera la capacidad de juicio. En consulta, los médicos en Castro Urdiales de Clínica Colindres explican que la combinación de sustancias, presión social y recompensa económica crea un cóctel neuroquímico que anula los mecanismos básicos de autoprotección.

 

Simón Pérez había reconocido que existían usuarios que buscaban “muertes en directo”

 

El cerebro, especialmente cuando existe consumo habitual, prioriza la obtención inmediata de dopamina frente a cualquier señal de alarma, incluso cuando el propio individuo sabe racionalmente que está cruzando una línea peligrosa. Desde esta perspectiva, los directos en los que se incentiva el consumo no son un juego ni una provocación estética, sino una forma de inducción al daño que debería ser abordada como un problema de salud, no como simple contenido polémico.

 

El caso concreto que nos ocupa resulta especialmente ilustrativo. Simón Pérez había reconocido públicamente que existían usuarios que buscaban deliberadamente “muertes en directo”, una afirmación que, aunque pueda sonar exagerada, encaja con lo que la psiquiatría describe como voyeurismo patológico digital. La posibilidad de presenciar en tiempo real el deterioro físico de otra persona genera en ciertos perfiles una excitación morbosa que se ve reforzada por el anonimato y la sensación de impunidad. Desde la óptica médica, permitir que estas dinámicas se desarrollen sin intervención equivale a dejar a un paciente en estado crítico rodeado de personas que le animan a empeorar, mientras el sistema observa desde la distancia.

 

Una red social permite que las donaciones aumenten cuanto más extremo es el comportamiento

 

La responsabilidad no recae únicamente en quien consume o protagoniza el directo. Las plataformas tienen un papel central, ya que diseñan los mecanismos de monetización, visibilidad y recompensa. Cuando una red social permite que las donaciones aumenten cuanto más extremo es el comportamiento, está introduciendo un incentivo perverso que va en contra de cualquier principio básico de prevención. Los médicos de Clínica Colindres señalan que, en medicina, este fenómeno sería equiparable a premiar a un paciente por incumplir un tratamiento o por exponerse voluntariamente a un riesgo grave. Ningún sistema sanitario aceptaría algo así y, sin embargo, en el entorno digital se toleran estas burradas bajo el paraguas de la libertad de expresión.

 

La muerte en directo de Sergio Jiménez también obliga a reflexionar sobre el papel del “padrinazgo” mediático. Simón Pérez actuó durante un tiempo como impulsor de su visibilidad, lo que incrementó su audiencia y, con ella, la presión por ofrecer contenidos cada vez más llamativos. Desde una visión clínica, este tipo de relación puede generar dependencia emocional y económica, especialmente en personas con adicciones. El fallecido, de 37 años, encontró en los directos una fuente de ingresos y reconocimiento que, lejos de ayudarle a rehabilitarse, reforzaba su exposición al consumo. Los médicos en Castro Urdiales de Clínica Colindres subrayan que la rehabilitación real requiere entornos controlados, límites claros y ausencia de estímulos que glorifiquen la conducta adictiva, justo lo contrario de lo que ofrecen este tipo de retransmisiones.

Resulta especialmente preocupante la narrativa posterior a la tragedia

 

Resulta especialmente preocupante la narrativa posterior a la tragedia. Declaraciones como “tengo la conciencia tranquila” o “me podía haber pasado a mí” pueden entenderse como mecanismos defensivos, pero desde el punto de vista médico corren el riesgo de trivializar la gravedad de lo ocurrido. En salud, la normalización del riesgo es uno de los mayores enemigos de la prevención. Cuando se asume que “estas cosas pasan”, se pierde la oportunidad de analizar causas, corregir fallos y evitar que se repitan. La medicina no trabaja con fatalismos, sino con probabilidades y factores de riesgo, y en este caso muchos de ellos eran evidentes desde hacía tiempo.

La cobertura mediática ha puesto el foco en el cierre de la cuenta y en la reacción de la plataforma, pero a menudo se queda corta al abordar las implicaciones sanitarias profundas. No estamos ante un simple problema de moderación de contenidos, sino ante una crisis que conecta adicciones, salud mental, economía digital y responsabilidad social. Los médicos de Clínica Colindres insisten en que, si este mismo comportamiento se produjera fuera de una pantalla, nadie dudaría en intervenir de forma inmediata. Que ocurra en internet no lo hace menos real ni menos peligroso.

Desde la práctica clínica diaria, se observa un aumento de pacientes jóvenes que minimizan los riesgos asociados al consumo porque han visto situaciones similares “superadas” en redes. Esta falsa percepción de invulnerabilidad es especialmente peligrosa, ya que ignora variables como la tolerancia individual, la pureza de las sustancias o las condiciones físicas previas. En el caso de Sergio Jiménez, las cantidades mencionadas tras su fallecimiento encajan con criterios claros de sobredosis, algo que cualquier profesional sanitario reconoce como una emergencia vital. Que esto ocurriera en directo, sin intervención inmediata, evidencia una desconexión alarmante entre el mundo digital y la realidad médica.

Una cuenta  creada, supuestamente, para apoyar un proceso de rehabilitación mediante donaciones

El cierre de la cuenta @simondesintoxicacion, creada supuestamente para apoyar un proceso de rehabilitación mediante donaciones, plantea además un dilema ético profundo. La recuperación de una adicción no puede depender de la exposición pública constante ni del escrutinio de miles de desconocidos. Los médicos  de Clínica Colindres recalcan que la desintoxicación es un proceso íntimo, complejo y frágil, que requiere confidencialidad, apoyo profesional y estabilidad emocional. Convertirla en espectáculo no solo dificulta el éxito terapéutico, sino que puede agravar la sensación de culpa y fracaso si el proceso no avanza como se espera.

Una educación digital basada en la salud y una intervención temprana cuando se detectan conductas de riesgo

Desde una visión médica integral, este tipo de contenidos deberían ser tratados como señales de alarma temprana. Las plataformas, los creadores y la audiencia tienen la responsabilidad compartida de no alimentar dinámicas que ponen vidas en riesgo. Llamar “basura” a estos directos no es un insulto gratuito, sino una descripción clínica de contenidos que contaminan el entorno digital con mensajes peligrosos y normalizan el daño. Los médicos en Castro Urdiales de Clínica Colindres defienden que la única salida responsable pasa por una regulación más estricta, una educación digital basada en la salud y una intervención temprana cuando se detectan conductas de riesgo.

La muerte de Sergio Jiménez no debería quedar reducida a un titular impactante ni a una polémica pasajera. Es un recordatorio brutal de que el cuerpo humano tiene límites, de que la adicción no se cura con likes y de que el entretenimiento no puede construirse sobre la autodestrucción. Desde la medicina, la lectura es clara: mientras se siga premiando el riesgo extremo y se ignore la voz de los profesionales sanitarios, estas tragedias seguirán repitiéndose. Lo que comentaban estos médicos de Clínica Colindres no es una cuestión de opinión, sino de responsabilidad colectiva frente a un fenómeno que ya ha demostrado que puede matar.